The Clash y la perfección





“Should I stay or should I go?”, una de las canciones más conocidas de The Clash, me lleva a mi época de universidad, bailando feliz en Antifaz o en El Chango. En El Chango, seguramente, con una jarra de cerveza de diez mil pesos en la mano. Recuerdo haber oído el álbum London Calling unos años más tarde, feliz de encontrar “Lost in the Supermarket”, “London Calling” y “Spanish Bombs”. Pero ni aun en ese efímero mes de amorío con London Calling sentí curiosidad por oír otros álbumes de The Clash y mucho menos por volver a oír con detenimiento “Should I stay or should I go?”.
Nunca había pasado de ser una muy buena canción con algo de letras en español en la tercera estrofa, lo cual la hacía más cool. Hace unos meses, sin embargo, me senté a estudiarla, lo que me hizo fijarme en cosas en las que nunca me había detenido realmente: la letra (alguien frente a un/una calientahuevos); la sencillez de la estructura; la sencillez de la progresión (¡solo cuatro acordes!); el hecho de que solo se necesiten cuatro acordes y una estructura sencilla para hacer una canción tan emocionante o poderosa o divertida.  
Quizás lo que más me llamó la atención, esta vez, fue el uso de ecos en español de versos en inglés en la tercera estrofa, lo cual, según songfacts.com, no es tan común:

This indecision’s buggin’ me (esta indecision me molesta)
If you don’t want me, set me free (si no me quieres, libramé)
Exactly whom I’m supposed to be? (Dígame… ¡quién tengo ser!)
Don’t you know which clothes even fit me? (¿Sabes qué ropa me quedá?)
Come on, and let me know… (Me tienes que decir)
Should I cool it or should I blow? (¿me debo ir o quedarme?)

La traducción tiene, pues, sus libertades (dejé los acentos de acuerdo con la canción). Hay dos versiones mencionadas en songfacts.com sobre la traducción. La primera dice que Joe Ely, un cantante de Texas con un álbum (Honky Tonk Masquerade, 1978) que le había llamado la atención a The Clash, se encargó de la traducción. Lo habían invitado a sesiones de grabación del álbum Combat Rock (1982), en el Electric Lady en Nueva York, y luego lo invitarían a la gira para promocionar el álbum, el mismo año. En una entrevista de 2012, Joe Ely dijo: “Yo canto todos los versos en español en eso [la canción], e incluso ayudé a traducirlos. Los traduje a tex-mex y Strummer sabía algo de castellano, porque creció en España en sus primeros años. Y un ingeniero portorriqueño (Eddie García) le añadió algo de sabor. Es tomar el verso y luego repetirlo en español”. Según Ely, cuando The Clash llegó a esa parte, Strummer fue hasta donde él y le dijo que le ayudara a traducirla. “Mi español era bastante tex-mex”, añadió Ely, “así que no fue una traducción precisa. Pero supongo que estaba destinado a ser algo caprichoso, porque realmente no lo tradujimos de manera literal”.
La otra versión es de acuerdo con Strummer, que dijo que Eddie García, el ingeniero de sonido portorriqueño, llamó a su mamá en Brooklyn Heights y le pidió que le tradujera parte de la letra. La mamá era ecuatoriana, así que Strummer y Ely terminaron cantando, según la página, en “español ecuatoriano”.
Me inclino por pensar que la primera versión es lo que sucedió. Primero, porque la traducción no puede tildarse de “español ecuatoriano”. Segundo, porque me encanta la idea de un texano que habla tex-mex, un inglés que pasó un tiempo de su niñez en ciudad de México (no en España) y un portorriqueño juntos, incapaces de dar con una traducción acertada.    
Más que la traducción en sí, lo que me gusta es el hecho de que hayan preferido hacerlo a algo perfecto. Podrían haberse sentado y plantearse que no eran hablantes nativos de español, que la traducción quizás no iba a quedar muy precisa, que cuando cantaban su acento era evidente. Pero no: querían español en su canción y eso hicieron.
Este año ese va a ser mi mantra: mejor hecho que perfecto. Sin que importen mucho las condiciones (que, por lo general, no son las ideales) ni, menos aun, lo que suceda con el producto. La sola idea me llena de emoción. Y de vértigo.

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