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Mostrando entradas de agosto, 2019

Aretes y loncheras

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--> La idea de ponernos aretes en las orejas, a los doce años, surgió de un amigo de mi cuadra. Un día llegó con un par de hielos en la mano y una aguja incrustada en la oreja. A los demás nos pareció la gran cosa. Al menos un amigo más y yo decidimos ahí mismo que también lo haríamos. Con el correr de las horas, el amigo entusiasta dijo que en la casa no lo habían dejado. Yo, aunque estaba firme, quizás bajo presión del que ya tenía una aguja en su oreja, no me imaginaba usar aguja y hielo. Una amiga apuntaló que había otras soluciones, como las pistolas de presión que se podían encontrar en puestos de joyas en el centro comercial más cercano, Cosmocentro. Así pues, fui a uno de ellos y, en cuestión de segundos, salí de allí con… una pequeña bola dorada en el lóbulo de mi oreja izquierda. Yo había pensado en un topito –ese arete que se incrusta al lóbulo y no cuelga– y no en esa bola dorada que era más de señora, mucho más femenina de lo que estaba dispuesto a l...